Nuestros planes y metas futuras se ven truncados. Nuestros sueños se rompen, carecen de ilusión.
Cierro los ojos, estoy en el patio del colegio con mis compañeros de clase. Apenas hemos cumplido los 8 años. Es la hora del recreo y hoy estamos jugando a ser mayores, qué divertido. Muchos quieren seguir las profesiones de sus padres: un carpintero, una peluquera y un mecánico. Otros siguen sus gustos e instintos: un bombero, una maestra y un futbolista. Los más emprendedores deciden montar su propio negocio: una panadería, una tienda de ropa y una cafetería. Todos tenemos claro nuestra profesión. Jugamos con gran ilusión hasta que llega la hora de regresar a clase y volvemos a ser niños.
Abro los ojos, ya no somos niños que jugamos a ser mayores, ahora somos adultos. Todos tenemos nuestra profesión. Algunos llevaron a cabo la misma con la jugaban en el patio del colegio. Otros cambiaron sus gustos por algo totalmente diferente. Pero todos hemos alcanzado nuestros ideales profesionales y con gran ilusión llegamos al mundo laboral. Nuestro primer trabajo. Nuevos compañeros. Numerosas responsabilidades y obligaciones, etc. Un mundo que comenzamos a descubrir por nosotros mismos.
Empezamos a sentir estabilidad en nuestras vidas porque contamos con un trabajo. Tenemos planes de futuro. Queremos invertir nuestros esfuerzos y resultados en la compra de una casa, un coche o algún capricho. Trabajamos con la ilusión de llevar a cabo nuestros objetivos y metas en el ámbito personal y profesional. Pero, no contamos con la llegada de la llamada crisis.
Cada vez se hace más familiar esta palabra en la sociedad, en nuestras vidas. Empezamos a conocerla de cerca hasta el punto de tocarla. Este fenómeno mundial afecta a todos los sistemas sociales, entre ellos, el laboral. La tasa de paro aumenta de manera constante y a un ritmo vertiginoso. Cada vez son más los despidos, quiebra de empresas, etc. Reducción de sueldos y aumento de jornada laboral para los que aún puedan mantener su puesto de trabajo.
Empezamos a sufrir los estragos de la crisis. Muchos de mis compañeros han perdido sus trabajos o empresas, otros con miedo a perder el que tienen, algunos han dejado su profesión para dedicarse a otros oficios y poder emplearse en algún trabajo esporádico. Se dibuja ante nuestros ojos un panorama desolador. Nuestros planes y metas futuras se ven truncados. Nuestros sueños se rompen, carecen de ilusión.
En estos momentos deseamos volver a la niñez para jugar con las ilusiones, poder imaginar nuestras vidas tal y como queremos que sean. Pero, ¿necesitamos ser niños para ello?, siendo adultos y en la sociedad que nos ha tocado vivir, con sus complicaciones y tropiezos, ¿podemos continuar con nuestros sueños e ilusiones?, o ¿nos dejamos influenciar por la negatividad social y nos cruzamos de brazos viendo pasar los días con angustia?.
Seamos adultos para luchar en esta sociedad por nuestros intereses personales y profesionales. Seamos niños en nuestras mentes para inundarnos de ilusión y entusiasmo por lo que hacemos o queremos hacer. Soñemos cada día por conseguir una mejor situación personal y social. Que la negatividad social no rompa nuestros sueños y que no nos impida seguir adelante, aún cuando el camino no esté libre de obstáculos.