
¿Quién no sabe reconocer una sensación? El diccionario de la Real Academia, entre otras acepciones, nos dice de ello que es la impresión que las cosas producen por medio de los sentidos.
Oler.
Un aroma concreto nos puede aportar mil sensaciones: Si es el de una comida que nos agrada hará que las glándulas gustativas actúen provocando el deseo de comer. Si el olor es desagradable haremos lo imposible por alejarnos de él aunque no seamos capaces de reconocerlo. Pero lo que hará que nos detengamos en medio de cualquier lugar tratando de localizarlo como sea es el aroma de una flor que enseguida intentaremos oler de cerca.
Para mi olfato las sensaciones más placenteras son aquellas que me hacen viajar en el tiempo hasta ese pasado, ya un tanto lejano, en que podía correr libremente por el campo impregnándome de naturaleza, por eso quizá una flor puede detener mis pasos en cualquier lugar… Sensaciones.
Ver.
Una imagen concreta nos puede aportar mil sensaciones: El mar reverberante bajo los rayos del sol nos hará desear bañarnos en sus aguas, sobre todo si por nuestras venas corre la sangre isleña, y dejar que su luz nos empape y nos acunen sus latidos.
Un bosque envuelto en suave bruma nos hace siempre estremecer sintiendo el frío calarnos hasta los huesos aunque lo paseemos en primavera, pero la paz que nos transmite nos aporta una sensación placentera que nos impulsa a abrigarnos y seguir disfrutándolo en su plenitud.
Cuando visualizamos un paisaje maravilloso, sobre todo desde lo alto, nos suele invadir una sensación de poder y de humildad a la vez. El poder de abarcarlo todo en una mirada que desmenuza cada uno de sus detalles más allá del horizonte, y la humilde sensación de sentirnos pequeñitos ante su grandeza… Sensaciones.
Tocar.
Tocar algo, independientemente de su textura, nos puede aportar mil sensaciones: Sentir el suave tacto del terciopelo o la seda nos hace imaginar lo que puede ser vestirnos por completo con ese tejido y sentirlo deslizarse por la piel de nuestro cuerpo. Palpar el calor de una roca sintiéndola vibrar intensamente bajo la palma de nuestra mano nos hará cerrar los ojos para poder sentirla mejor. Acariciar a un niño tratando de transmitirle todo nuestro amor a través de ese gesto puede llenar de ternura nuestro corazón. Sentir la caricia de alguien amado recorrer nuestra piel centímetro a centímetro nos transportará más allá del placer en si mismo… Sensaciones.
Gustar.
El gusto nos aporta siempre infinidad de sensaciones placenteras: Saborear esa golosina que tanto nos agrada deleitándonos en cada mordisco sin pensar en nada. Disfrutar de nuestro plato favorito más allá de sus aportes nutritivos y calóricos. Embelesarnos en otras bocas sabiendo del placer compartido… Sensaciones.
Oír.
Más que oír, escuchar es lo que puede permitirnos vivir mil sensaciones. Una voz amiga que nos cuenta sus momentos felices, una voz amada que nos susurra al oído palabras tantas veces deseadas, la risa de un niño contento, el trino de un pájaro libre, la música… No sé con cual de todas estas sensaciones placenteras me quedaría si tuviese que elegir solo una, pero la música es quizá la que más me llenaría de múltiples sensaciones. La música alegre que anima mi alma en momentos de tristeza, la música latina que me divierte cuando además puedo bailarla, la música que llena mi soledad con mil sonidos diferentes aproximándome al mundo, el sonido de un bolero que me reconcilia con el amor… La música.
Mi sensación más placentera hoy me la ha traído el sentido del oído, afuera, en mi terraza, el ligero viento de este domingo mueve incansable el móvil de hojas otoñales que un día me regalé. Él me recuerda que el viento sopla, que el verano está a punto de llegar, que ahí fuera hay un mundo de sensaciones por vivir, y que la vida sigue.
¿Y tú?
¿Qué sensación especial has permitido que te detenga hoy por un segundo?
Luisa Chico