El Teatro Cine Víctor acoge en las paredes de su cafetería, desde el pasado 15 de marzo, y durante todo un mes, algunas muestras de la obra pictórica de dos destacados nuevos autores canarios.
Continuando con su constante labor de difusión artística, el cada vez más activo recinto santacrucero habilita uno de sus espacios para exponer los cuadros de estos dos pintores: Ana Padilla y Antonio Domínguez. Dos artistas interesantes, cada cual con un estilo pictórico muy definido, que ofrecen una pequeña muestra colectiva de su labor. Además los cuadros expuestos están disponibles para su compra para aquellos interesados que visiten la muestra.
El color es el indiscutible protagonista en la obra pictórica de estos dos artistas. El color es siempre más confuso y oscuro que la línea; es enigmático en las sensaciones que despierta en el contemplador. Considerado como irracional y menos inteligible que la línea, va dirigido a los sentidos, es sensorial. Por sus profundos y misteriosos poderes el color se convierte en el vehículo de la expresión del pintor, ya que en el artista se formulan antes las sensaciones que el pensamiento. Algunas escuelas pictóricas se han enfrentado en una apasionante dialéctica entre la línea (elemento intelectual) y el color (elemento sensorial), como fundamento de la creación pictórica; recuérdese el caso extremo, y con reflejo en las fuentes literarias, de la escuela florentina, inclinada hacia la preeminencia de la línea y la escuela veneciana, volcada hacia el predominio del color dentro de la pintura del Renacimiento italiano.
El color ha contribuido en buena medida a acentuar la imitación de la naturaleza en el arte, añadido a la forma encerrada en el contorno, ha ido como compañero de viaje del modelado, con la posible función de acentuar la sensación de realidad y verismo.Pero aquí no se trata de considerar los colores que tienen las cosas en la naturaleza, es decir, los colores «locales», ya que el color no está sujeto a la representación de los objetos. Lo que importa es el color en sí mismo, independientemente de la naturaleza, y que no se nos propone como signo distintivo de las cosas, sino como componente de un orden que tiene su propia existencia, distinta de la natural.
Ana Padilla y Antonio Domínguez nos invitan a un maravilloso viaje a todo color, donde descubrir nuevos y clásicos elementos pictóricos que nos traducen la esencia de las formas humanas y la emocionalidad implícita en las mismas.